No seas un mediocre empleado

No seas empleado, no seas un borrego. Sé un líder. Sal de la trampa del ratón. Emprende, construye tu propio emporio.


Estas líneas representan el discurso predominante de los motivadores, guías de finanzas personales y gurús de los negocios. Deja tu trabajo para entrar al prometedor mundo de los empresarios millonarios.


No habría truco oculto si la promesa fuese real, pero es todo lo contrario. Según la estadística que se consulte, prácticamente el 99 por ciento de los emprendimientos están condenados al fracaso. Obviamente, quienes lucran con vender ese sueño, culpan al individuo de este contexto: son perezosos, no se esforzaron lo suficiente, no estudiaron, no perseveraron. Desde luego, en no pocos casos, seguro estas deficiencias tendrán parte de la responsabilidad, pero es absurdo pensar que aplica a todo el universo.


Lograr que un negocio sea ya no digamos boyante, si no que al menos te conceda utilidades para pagar tus gastos personales, es una meta casi imposible de lograr. Hay que soportar obstáculos inconmensurables: Monopolios que tienen todos los recursos para ganar el juego, el pírrico o nulo apoyo gubernamental, meses de incertidumbre y falta de flujo, problemas macroeconómicos, empleados irresponsables, clientes abusivos, competencia abrumadora, y ahora, para imprimirle la estocada final: la pandemia.


Quienes tenemos un negocio hemos normalizado las jornadas de trabajo interminables, principalmente por la dinámica actual, pero también por discursos de no pocos representantes de este estilo de vida, como Elon Musk, que llegan a sugerir jornadas de trabajo de hasta 16 horas diarias; si no las cumples, serás un perezoso y un fracasado que se empeñó en tirar su emprendimiento a la basura.


Es así como, a falta de estabilidad en los trabajos convencionales, el ciudadano común se somete a la incertidumbre del emprendimiento, a jornadas extenuantes, a estar al borde de la quiebra -si no es que ya llegó ahí-, con la promesa casi utópica de que un día conseguirá brillar entre lingotes de oro.


En este mundo competitivo predominan los mensajes a toda hora de clientes y equipos de trabajo; pagos retrasados, ardientes presiones y una bomba de emociones volátiles para la salud emocional. Y no puedes atreverte a descansar, porque habrás perdido.


No me opongo a la libre empresa, a crear tus proyectos; al contrario, simplemente pienso que el ambiente en el que se desarrolla esta idea es nocivo y poco realista. Que debemos defender una economía más humana, más empática, más horizontal, en la que las condiciones del juego sean justas para todos y en la que la incertidumbre y la explotación no sean la regla para lograr que tu pastelería, tu escuela de cursos online o tu imprenta de libretas personalizadas pueda pagarte las cuentas.